La copa del mundo

Cada cuatro años nos vuelve a invadir el sentimiento nacional, el motivo es la emoción que sentimos por alentar a nuestro seleccionado en la copa mundial de fútbol. Parece mentira que este hecho que deviene de un entretenimiento deportivo, deje aflorar en la piel la nacionalidad que está más latente que nunca, casi más que un dÃa festivo como lo es la declaración de la independencia.
No creo que se deba por esto poner en tela de juicio, qué es lo que más moviliza el sentimiento nacional, pues las situaciones a pesar de ser bien diferentes, igual nos permiten unirnos en un sentimiento patriota, sólo que la copa del mundo tiene más que ver con la actualidad que con el legado nacional.
Aquello que nos es lejano y por ende una leyenda que nos identifica a la hora de conmemorar una fecha patria, tiene su acentuación en el recuerdo de un tiempo que se rescata y re significa, pero que al fin de cuentas es un acontecimiento vivido por nuestros ancestros, ellos son los protagonistas de ese tan excepcional suceso. Nosotros somos el auditorio que recibe su legado.
La copa mundial de fútbol tal vez sea lo que nos pone de protagonistas frente al mundo, y en el cual además de identificarnos y diferenciarnos del resto, nos permite expresar el sentimiento patrio haciéndonos levantar nuestras banderas y entonar el himno nacional con tanta energÃa y emoción que a más de uno se le llenan los ojos de lágrimas y se les pone la piel de gallina.
Esos jugadores de primera lÃnea, son tan próceres como lo fueron nuestros conquistadores, pues tienen en sus manos la gran misión de diferenciarnos y ponernos en boca del mundo, conquistando el primer lugar de la copa mundial.
Los tiempos cambian y las personas también, y aunque el amor a nuestra patria siga siendo el mismo, las manifestaciones de afectos se tamizan en nuevos acontecimientos.
Si en tiempos actuales la copa del mundo nos permite unir nuestros corazones, y valorar nuestra patria, nuestra tierra no deja de ser un motivo de alegrÃa, que excusa o no, nos conecta con el sentimiento nacional, tan fundamental a la hora de defender nuestro territorio y nuestra fortaleza.
Delirios

Los sueños no solo se producen estando dormidos, los tenemos también cuando sumergidos en nuestros deseos dejamos volar nuestra imaginación, y nos remontamos a las más extrañas experiencias.
Pero cuando tomamos consciencia que estamos soñando despiertos, lo relacionamos directamente con el delirio. Entonces esos mágicos momentos se tornan peligrosos, ya que estamos a nuestro entender al borde de la locura.
Un comportamiento fuera de lo permitido socialmente, y es esto lo que nos limita a seguir soñando y delirando, alejada de una realidad que nos comprime.
El delirio de sentirse libre y fuera de sà mismo, es una tentadora manera de disipar el tormento de la incontrolable realidad.
Soñar sin estar dormidos muchas veces no lo hacemos de manera consciente, basta con darle rienda suelta a la imaginación, y dejar que los sentidos se relajen.
La imaginación tiene una fuerza creadora, y es en esos momentos de delirio donde muchas veces el arte toma partido.
El genio se despierta sin precisar el motivo, ni la causa ni el sentido, es un ave libre que vuela sin rumbo, buscando en la nada su nido creador.
Quizás la locura no sea un desvÃo, si no simplemente un eterno momento de delirio. Un sueño interminable del cual no se puede despertar.
Quizás no sea necesario llegar a la locura, para poder disfrutar de un mágico y creador momento de delirio.
Y como esto no es más que un delirio que surgió de un simple pensamiento de libertad, sea suficiente para comprender que los sueños tienen alas y montados en su vuelo nunca sabemos a donde y cuando aterrizar.
Me tienes en tus manos

Cuando el impulso de tenerlo es más fuerte que cualquier cosa, tendemos a aceptar cualquier capricho o desmesura de su parte con tal de estar a su lado.
Hasta que punto es amor esa entrega desmedida que ruboriza cualquier sentimiento de orgullo? El hecho de que logremos retenerlo utilizando cualquier método, sólo significa lo astuta y creativas que nos volvemos elaborando nuevas estrategias.
La cruda verdad es que estamos en sus manos, y que nuestro mundo gira en torno a él. Parece amor, y nos llena de orgullo decirlo aunque muchas veces caigamos en ridÃculo.
Estar completamente enamorada parece justificar nuestro empobrecido orgullo. Es cierto, lo queremos, pero es necesario caer en la desesperación cuando lo sentimos distante?
Él que a esta altura adivina su poder, no tiene más que manejar sus hilos para hacernos bailar al compás de sus caprichos. Esta desmedida seguridad más allá de generar confianza es una manera muy eficaz de alejarlo del hechizo de nuestra primera mirada.
Esa mirada transparente se convirtió de un dÃa para el otro en una persecución de miradas embobadas que certifican su triunfo y nuestra derrota.
Ahora ya no tiene porque luchar, no le generamos dudas, ni celos. Somos un perfecto juguete en sus manos, que como paso de ser novedad suele convertirse en molesto.
Nuestros cegados ojos no permiten que la luz penetre e ilumine nuestra mente. Si tan solo dejáramos de escuchar los latidos del corazón y comenzáramos a pensar con la cabeza y no con los pies, tal vez podrÃamos disimular un poco nuestro enamoramiento, y la situación no tendrÃa porque llegar a ser tan desalentadora.
El orgullo en estos casos suele ser positivo. Querernos y valorarnos ayuda a no caer en la trampa de un enamoramiento que nos puede traer más deshonra que placer.
Amor en la distancia

Cuando el corazón late fuerte por alguien que está lejos, es imposible frenar esa pasión. Ya que la distancia suele potenciar el sentimiento cuando este amor está distante sólo por motivos ajenos a la relación.
Todo lo relacionado a él se torna más importante y más significativo. Cada palabra que nos llega desde lejos es motivo de alegrÃa disfrazada de nostalgia. Por supuesto que las dudas no dejan de perseguirnos, y ese fantasma que son los celos, nos nublan muchas veces la esperanza generando momentos de desesperación, que con una simple llamada que confirme su amor, de disipa y todo queda atrás.
Muchas veces la distancia nos ayuda a terminar con las dudas de pensar si este amor es verdadero, pues el tiempo de separación nos confirma si reamente lo extrañamos y esperamos con ansias que regrese, o nos ratifica que su presencia ya no es imprescindible.
El riesgo siempre existe, pero para que surja una separación no hace falta que se produzca una distancia, y por ende no podemos echarle la culpa de nuestro fracaso sentimental
El amor en la distancia tiene un encanto romántico que nos remonta a otros tiempos. Cuando las parejas vivÃan su amor alejados por motivos de guerra en plena conquista, o cuando las distancias realmente eran insoslayables.
Cuando la separación es solo temporal, muchas veces se experimenta el renacer del amor, pues comenzamos a valorar lo que tenemos a causa de tanto extrañarlo, y sus pequeños defectos se tornan insignificantes.
Es un perÃodo de prueba que muchas parejas tienen que soportar y sufrir, de la cual se puede salir favorecidos.
Claro que una cosa es una distancia temporal, y otra muy distinta es amar a alguien que está siempre lejos y que tal vez nunca regrese. En ese caso esa distancia puede transformarse en una trampa que inconscientemente nos hacemos para mantenernos alejadas del amor, sintiéndonos protegidas de cualquier desencanto.
Yo digo, tú dices

Cuando en una relación de pareja se dificulta la comunicación debido a la falta de tolerancia por parte del otro, tendemos a evitar situaciones o conversaciones que irritan a nuestro par, y sin darnos cuenta le estamos dando el poder de manipular nuestra relación y hacer de nuestros pensamientos un borrador que solo toma notas de lo que debe o no decir.
El mal humor caracterÃstico de esta especie de individuo, limita el accionar y la libertad de expresión. Terminamos pensando que si lo que creemos genera discordia, lo mejor es dejarle al otro el beneficio de la palabra y la voluntad de obrar como le de la gana.
El control de la relación tiende a ser ejercido por el que más quejas tiene en su haber, y si el otro cede para evitar la pelea, termina aceptando todos los reproches y las culpas del mal funcionamiento de la relación.
Ceder no necesariamente significa mantener la paz, pues el que ejerce la autoridad necesita tener con quien discutir y a quién echarle la culpa de todo para confirmar su autoridad.
La comunicación sólo se ejerce cuando hay dos o más personas, donde cada una expone su punto de vista. Cuando el que habla es solo uno, lo que se mantiene es un monólogo y no una conversación, pues no hay comunicación recÃproca.
Callarse cuando tendrÃamos que hablar, es ir cediendo de a poco al anonimato en una relación.
Decir lo que sentimos, lo que nos pasa y lo que pensamos, es un derecho que debemos ejercer. Si al otro no le gusta nuestro punto de vista, o lo pone de mal humor en definitiva es un problema de él, que tendrÃa que solucionar con la ayuda de un especialista.
La competencia

La palabra competir parece remitirnos solo al ámbito deportivo. Pero lo cierto es que en nuestra vida cotidiana estamos inmersos en un juego de competición, al cual accedemos inconscientemente, y que nos pone constantemente en una lucha con el otro por la obtención de algún beneficio: como ganar tiempo llegando primero a la caja del supermercado, a encontrar un taxi, que sin darnos cuenta nos ponen en relación con el otro en términos de competición. Sin mencionar las notas escolares, un ascenso en el trabajo, ser reconocidos por nuestro desempeño que sólo se logra comparando nuestro esfuerzo con otros esfuerzos.
La competencia también se aplica en el campo sentimental, la lucha por la conquista, la calidad de amor que cada uno brinda. También en el cÃrculo de amigos, pues ser el mejor amigo de alguien significa tener más mérito que otra persona al cual se la califica solo de amiga.
Relacionarnos en términos de competencia implica entablar una situación tensa, que es lo que en nuestros tiempos denominamos como estrés.
Estar demasiado estresadas no es otra cosa que estar compitiendo todo el tiempo; lo cual significa vivir exigiéndonos como si fuésemos máquinas, pero con la salvedad que éstas se descomponen y eso las exime de la responsabilidad de sus funciones. En nosotros la cuestión es más compleja, pues dejar de competir significa dejar de vivir, porque aún enfermos seguimos compitiendo por obtener la pronta recuperación. O sea, le exigimos a un cuerpo enfermo que siga esforzándose, cuando lo único que pretende es descansar.
Parece que en estos tiempos la competencia nos ha ganado la pulseada. Salirse de ella implica entrar en otra competencia, lo cual indica que nunca dejamos de competir y si esto es asÃ, lo mejor es seguir pensando que estamos estresados, y que con un poco de aire puro estamos curados.
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