La risa saludable

—¿Por qué lloras niña? —le dije un dÃa a una chiquilla que con un enorme desconsuelo se encontraba sentada en los escalones del portal de mi casa.
—Mi madre me ha regañado porque dice que no dejo de reÃrme en todo el dÃa, —me respondió mostrándome su rostro sucio con dos enormes mofletes carnosos, sostenidos por unos lindÃsimos labios enrojecidos por el llanto, y mirándome a la cara con dos enormes ojos de un negro intenso y mojados por dos surtidores de lágrimas que no paraban de destilar la intensa amargura de su corazón.
—¿A tu madre no le gusta que te rÃas? —le pregunté extrañado por la regañina que le habÃan echado encima de una forma tan absurda e injusta.
—Mi madre dice que los que se rÃen tanto como yo no pueden ser personas importantes en la vida.
¡Qué poco valoramos la risa en nuestro mundo! No me extraña, de hecho, porque en el inconsciente colectivo se esconde la idea de que el que se rÃe, y mucho, es alguien a quien no se le puede tomar en serio, porque sus maneras delatan un punto de frivolidad que no merece el respeto de los demás.
Ciertamente, estamos demasiado acostumbrados a ver a personas serias, vestidas de gris marengo, hablando de polÃtica y del gobierno por televisión, antes que de la felicidad y de la esperanza de vivir.
A la risa la hemos arrinconado en el desván de la farándula y de los deshechos de la sociedad. ReÃrse es de superficiales, o de aquellos que no buscan el éxito en la vida.
La seriedad, la templanza, la contención, la sobriedad emotiva y el recato son signos utilizados por la gente “importante” que se toman demasiado en serio, a ellos mismos, y a la vida en la que procuran ocupar un puesto de mucha relevancia, o un estatus social de alto reconocimiento.
Si yo hubiera sido esa niña, también estarÃa llorando. Pero ella, a pesar de que todavÃa no era capaz de comprender las cosas de los mayores, habÃa elegido mostrarse tal y como su corazón y sus ganas de vivir le estaban exigiendo.
La risa es salud para el alma, y algunos incluso dicen que del cuerpo. No hace mucho tiempo que me hablaron de una terapia que está teniendo mucho éxito. Se trata de la “risoterapia”.
En esas sesiones se trata de reÃrse para volver a encontrar la paz interior, las ganas de vivir, el optimismo por la vida y una inigualable sensación de bienestar.
Habitualmente acuden pacientes sometidos a un gran estrés psicológico, y a mucha presión laboral o personal. Durante el tiempo que duran esas sesiones, utilizando la risa como mediación, se descargan las malas energÃas acumuladas que van paralizando y esclerotizando una visión positiva y alegre de la vida.
Al final, el que más ha logrado reÃrse de sà mismo y con los demás, puede irse satisfecho a su casa, porque por un instante ha tocado el sentido último de su vida y la felicidad que habÃa perdido.
La risa es un sÃntoma. Ni es la alegrÃa de vivir, ni la esperanza, ni la felicidad personal, pero como todo sÃntoma muestra públicamente el estado de salud interior de cada persona.
El que se rÃe es el que no se toma demasiado en serio, porque sabe que la vida toda es mucho más seria que él mismo. El que se rÃe es quien ha aprendido a relativizar las cosas, y sabe distinguir bien entre lo importante y lo esporádico del mundo.
La risa es el sÃntoma de que se goza de buena salud, y no le importa gritarlo a los cuatro vientos porque tiene el corazón henchido de amor por la vida, pese al dolor y el sufrimiento que nos quiere arrebatar las ganas de hacer de este mundo un lugar mucho más humanizado y hermanado.
—Niña, no llores más y rÃete todo lo que quieras porque tú sabes de la vida mucho más que tu madre y que los mayores de ojos tristes y rostro mohÃno, —le dije a SofÃa que no dudó en besarme, y sin mediar palabra me regaló una enorme sonrisa que dibujó sobre sus labios mientras yo enjugaba sus lágrimas con mi pañuelo blanco que cogió entre sus manos y guardó con complicidad en uno de los bolsillos de su faldita estampada.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: alegria, amor, esperanza, felicidad, Sentimientos, sociedad, sonrisa

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