El joven escritor

Era la primera vez que hacÃa la presentación de un libro suyo en público. Diez dÃas antes, la editorial habÃa puesto en el mercado una recopilación de sus mejores cuentos, que tras muchas dudas, y con el empujón que algunos amigos le dimos, se decidió a publicar.
Lo notaba nervioso, pero orgulloso de sà mismo. La editorial se habÃa encargado de mandar invitaciones por correo y a través de Internet a todos aquellos que conformaban la enorme lista de contactos que tenÃa archivada el departamento de marketing y publicidad.
Con más de media hora de antelación, mi amigo ya se encontraba en la sala de exposiciones, conciertos y conferencias de una prestigiosa caja de ahorros de Madrid.
A medida que el tiempo pasaba, el personal que la editorial puso a disposición del escritor se afanaba en dejarlo todo preparado para el inicio de la presentación. Junto a la puerta de entrada habÃa una encorsetada azafata detrás de una mesa con ejemplares de los cuentos para todo aquel que quisiera adquirirlo en el momento y presentarlo luego para que se lo dedicaran.
Las luces de la tarima en la que se habÃa instalado la mesa presidencial estaban todavÃa apagadas. En un descuido, me percaté cómo hacÃan las pruebas de sonido para los micrófonos de los que iban a tomar la palabra. Sobre el mantel azul oscuro de paño grueso estaban perfectamente colocados unos cartelitos con el nombre de cada uno de los participantes.
Uno indicaba el nombre del subdirector de la editorial, otro tenÃa el nombre de un profesor de literatura del escritor que además habÃa redactado el prólogo, otro era -por supuesto- para el autor, y el último el mÃo.
¿Qué pintaba yo en todo eso? Mi presencia se debÃa a que habÃa sido, en el anonimato, la persona que desde el primer momento de la confección de su libro, habÃa estado corrigiendo el estilo, el argumento de cada historia, y el diseño de cada uno de los personajes de los cuentos.
Mi nombre es Augusto Saldaña, y el de mi discÃpulo ni lo cito porque aquella fue su primera y única publicación que presentó en público, y que además iba firmada con pseudónimo. A partir de aquel dÃa, nuestro amigo dejó de lado la narrativa y se dedicó al periodismo de investigación y de opinión en varios rotativos de tirada nacional.
Hoy en dÃa es un periodista de reconocido prestigio, incluso fuera de las fronteras de nuestro paÃs. Ya no escribe cuentos, pero sus crónicas son impecables, de un excelente estilo literario, muy admiradas por sus miles de lectores. Ahora firma con su verdadero nombre, y de aquel libro de cuentos no se acuerda nadie, ni si quiera él mismo.
Mañana sale al mercado una recopilación de sus mejores artÃculos, y la tirada inicial de la editorial ha sido de quince mil ejemplares. Ya no tengo por qué desvelar su nombre, mañana estará en la primera página de todos los periódicos del paÃs.
Fausto Antonio RamÃrez
Tags: escritor, exito, libertad, sociedad

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