El prÃncipe azul

Los amores más hermosos son los que nunca se concretan, son los que están en nuestros sueños y nos sirven de modelo para la ardua tarea de conseguir pareja.
A veces nos limitamos al encuentro fortuito del prÃncipe azul, y cualquier prospecto de candidato tiene que caber en el traje soñado de azul, y por supuesto ser diestro en el manejo y dirección del caballo blanco. Este fantasioso modelo no sólo limita nuestra mirada, sino que además nos hace fantasear con el rescate, con el héroe que nos salva de la tediosa vida y de los inconvenientes que surgen dÃa tras dÃa y nos libera del monstruo de la realidad.
El balcón en el que silenciosamente esperamos el fortuito encuentro con nuestro prÃncipe, no se limita a un simple lugar, es tan idÃlico que las rosas nunca marchitan, y la arquitectura sigue siendo de la edad media. La sencilla escalera de albañil que se lleva de un lado para otro, y en la que más de un galán perdió el equilibrio, sigue siendo la misma, pues para este romántico sueño la escalera mecánica no reúne el requisito de exigirle el esfuerzo a tan increÃble pretendiente.
Parece mentira que sigamos soñando en tiempos modernos con inverosÃmiles historias románticas de la edad media. Estamos inmersas en la tecnologÃa y en los avances de la ciencia, pero sin embargo en lo referido al corazón seguimos tan primitivas como anticuadas.
Buscamos la perfección en el ser humano, en épocas donde lo más normal serÃa programar un robot para que sea la pareja perfecta.
Las extensas cartas de amor ahora son e-mail en cadenas, o espontáneos foros que nos conectan con el otro desde cualquier parte del mundo. Atrás quedaron los incómodos viajes en carretas, y los interminables viajes en barco que se necesitaban acercarle un mensaje a nuestro amado.
El sueño del prÃncipe azul parece no pasar de moda, aunque en tiempos modernos el hecho de pensarlo sólo sea un retroceso al tan avanzado pensamiento tecnológico y feminista.


Comentaristas más activos