El último adiós

Despedirse es desprenderse de algo que sentimos como nuestro. El hecho de dejar ir a esa persona ya es una dura y difÃcil decisión, que nunca quisiéramos afrontar.
Cuando la despedida es temporal sólo nos quedamos con un poco de nostalgia, pero con la esperanza de volvernos a reencontrar.
Sin embargo cuando la despedida es para siempre no hay lugar para la esperanza, y ese inevitable vacÃo se acrecienta con el paso del tiempo.
Decir adiós se transforma en un agudo grito de auxilio, no queremos dejarlo ir, más todo es inútil, la distancia se presenta con demasiada firmeza.
Lágrimas y súplicas no entienden la derrota, se ha ido y ya nada podemos hacer. Quedamos inertes en tan injusto destino.
Tanta impotencia detiene nuestros pasos que quieren huir, alejarse cuánto antes de tan desdichada escena. Se ha ido y es inevitable, ya nada podemos hacer.
Cuándo ese desmesurado sentimiento de derrota y decepción se apodera de nuestras fuerzas, el único refugio es decir lo que sentimos y aliviar con el llanto nuestra pena.
No hay remedio efectivo que nos evite el sufrimiento de ese cruel momento. La vida continúa más ya no es la misma para nosotros.
Ha veces el tiempo disipa la pena, y aunque nunca olvidemos ni se cierre la herida, el continuar con el ritmo de nuestra vida puede ser la mejor manera de afrontar la nostalgia que nos provoca la pérdida de un ser querido.
El último adiós es un saludo simbólico que intentamos decir a un cuerpo que carece de vida, ya que nunca nos despedimos de la esencia de su alma. Ella vive en cada recuerdo y en cada momento que necesitamos volver a sentirla.
Nunca podremos despedirnos ni alejarnos de un pedazo de nuestro corazón. Pues en nuestro interior sigue intacta su presencia y nuestro corazón aún late con su recuerdo.
No existe el adiós cuando el amor es eterno, tan sólo se interpone una distancia que si pensamos que es pasajera, esa impotencia que hoy nos paraliza tal vez ceda y deje lugar para la esperanza.
Su presencia nos acompañara cuando evoquemos su recuerdo, o cuando en sueños reaparezca para consolarnos y recordarnos cuánto nos ama.
No le digamos adiós sino hasta luego, que de seguro volveremos a reencontrarnos cuando el tiempo y el destino asà lo quieran.


Comentaristas más activos