Enemigos íntimos
Cuando la alcoba se transforma en una muestra de la mala relación entre ambos integrantes de la pareja, el romance desaloja el dormitorio y la cama termina siendo el ring donde se disputa quién de los dos es el más sádico a la hora donde se presenta la disputa, y se hecha en cara todo lo que nos disgusta del otro.
La frialdad congela las cortinas y el suspenso se siente por doquier. El silencio disimula muchos significados y cuando por fin se apaga la luz, el único alivio es saber que hasta el día siguiente no tendremos que remitirnos a dirigirle la palabra.
Las diferencias se tornas insoslayables, nada de lo que pudiera decir remediaría el sentimiento de sentirlo un enemigo, alguien que sólo busca hacernos daño. Sus funestas palabras hirientes se transforman en puñaladas y el reproche es una constante en este tipo de relaciones.
El amor se esfumó por la ventana, ese ser tan especial resulto ser un patán que nos critica sin reparo.
Ahora es mi enemigo, el despreciable ser que como conoce todo de mí, le resulta fácil lastimarme, jugar con mis puntos débiles y ultrajar mi autoestima a su antojo.
Nuestra vida se ha convertido en un amor tan dañino como en la película de Julia Robert, “Durmiendo con el enemigo”, una lucha intensa contra el propio sentimiento, un amor-odio que nos consume y nos desvela, generando un malestar en todos los ámbitos de nuestra vida.
El calor que nos mantenía en refugio, ahora es un témpano de hielo que duerme a nuestro lado, un completo extraño que se niega a abandonarnos, pero que con su desprecio nos confirma que hace mucho tiempo se ha marchado.
El dormitorio suele ser el primer testigo de la ruptura, pues en la intimidad de la alcoba no sólo se demuestra el amor, sino también el desamor.
Los enemigos íntimos entablan una relación tan dañina como peligrosa, cortar los lazos íntimos entre los dos es la mejor opción para poder comenzar a sanar la relación.


Comentaristas más activos