La competencia

La palabra competir parece remitirnos solo al ámbito deportivo. Pero lo cierto es que en nuestra vida cotidiana estamos inmersos en un juego de competición, al cual accedemos inconscientemente, y que nos pone constantemente en una lucha con el otro por la obtención de algún beneficio: como ganar tiempo llegando primero a la caja del supermercado, a encontrar un taxi, que sin darnos cuenta nos ponen en relación con el otro en términos de competición. Sin mencionar las notas escolares, un ascenso en el trabajo, ser reconocidos por nuestro desempeño que sólo se logra comparando nuestro esfuerzo con otros esfuerzos.
La competencia también se aplica en el campo sentimental, la lucha por la conquista, la calidad de amor que cada uno brinda. También en el cÃrculo de amigos, pues ser el mejor amigo de alguien significa tener más mérito que otra persona al cual se la califica solo de amiga.
Relacionarnos en términos de competencia implica entablar una situación tensa, que es lo que en nuestros tiempos denominamos como estrés.
Estar demasiado estresadas no es otra cosa que estar compitiendo todo el tiempo; lo cual significa vivir exigiéndonos como si fuésemos máquinas, pero con la salvedad que éstas se descomponen y eso las exime de la responsabilidad de sus funciones. En nosotros la cuestión es más compleja, pues dejar de competir significa dejar de vivir, porque aún enfermos seguimos compitiendo por obtener la pronta recuperación. O sea, le exigimos a un cuerpo enfermo que siga esforzándose, cuando lo único que pretende es descansar.
Parece que en estos tiempos la competencia nos ha ganado la pulseada. Salirse de ella implica entrar en otra competencia, lo cual indica que nunca dejamos de competir y si esto es asÃ, lo mejor es seguir pensando que estamos estresados, y que con un poco de aire puro estamos curados.


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