La tolerancia

Cuando la paciencia llega a su punto lÃmite, solemos sentir que un torbellino de emociones está por salir a la luz y no de la mejor manera posible.
Estar en momentos de ebullición nos aleja del razonamiento y nos conduce irremediablemente a la cólera.
Es difÃcil mantener la calma en momentos de crisis, cuando las aguas están en constante movimiento. Todo parece indicar que perdimos la paciencia y estamos a punto de estallar.
Pensar en tolerar aquello que justamente es lo que nos enerva, no es la mejor solución para nuestro inquietante problema.
La tolerancia no llega de casualidad y menos en el momento de cólera. Es un ejercicio que conlleva un entrenamiento previo.
Diariamente debemos aprender a calmarnos para no llegar al punto lÃmite de nuestra paciencia. No siempre es fácil y con la voluntad a veces tampoco se consigue, pero el sólo hecho de intentarlo nos está preparando para la predisposición de nuestro propósito.
La tolerancia tiene que ver con nuestros principios, con mantener la calma para no herir a aquellos que queremos, y también con darnos tiempo de evaluar mejor las cosas y no quedar encasillados como impulsivos desenfrenados.
Respirar ondo y contar hasta diez parece una sencilla fórmula, pero llevada a la práctica no es más que un ejercicio de autocontrol que no es tan fácil de adquirir.
Ser tolerantes no significa predisponerse al constante maltrato psicológico, no es subordinarse. Es contar con más recursos a la hora de evaluar posibilidades y decidir la mejor manera de encaminar nuestra vida, sin dejarse llevar por el torbellino despiadado en el que muchas veces suele convertirse el mundo.


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