
Dante y Beatriz en la cumbre del paraÃso contemplando a Dios.
       En primer lugar es necesario tener en cuenta que la descripción que hace Dante del paraÃso es coherente con la concepción ptolemaica y aristotélica del cosmos. En la cual la tierra es el centro del universo entorno a la cual giran el sol y los planetas en esferas concéntricas que los mueven.
          La esfera más cercana a la tierra es la de la Luna, destino de las almas piadosas que abandonaron sus votos religiosos para llevar una vida secular.
           La segunda esfera es la de Mercurio, destino de quienes hicieron el bien más allá del deseo de fama.
           En el tercer lugar se encuentra la esfera de Venus, donde habitan quienes hicieron el bien más allá del amor.
          En cuarto lugar se encuentra la esfera del sol, donde los sabios que han puesto su sabidurÃa al servicio de Dios son recompensados.
        La quinta esfera es la de Marte, destino final de quienes lucharon por el cristianismo. Las almas de esta esfera se aglutinan conformando una cruz gigante.
       La esfera de Júpiter se encuentra en el sexto lugar, destinada a las almas que se consagraron a la justicia.
         Saturno se encuentra en la séptima esfera, donde habitan las almas contemplativas.
         La octava esfera es la de las estrellas, residencia final de los santos.
      La novena esfera es el primum mobile, el motor que mueve el resto de las esferas, donde habitan los ángeles.
      Dios se encuentra en un lugar más allá de la existencia fÃsica. El libro termina con Dante intentando explicar su experiencia de ver a Dios y la imposibilidad de describir la divinidad que trasciende la comprensión humana.Â
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