
La angustia que nos produce la muerte, nos lleva a buscar explicaciones respecto a su naturaleza y si hay vida después de ella.
Posiblemente desde antes que el ser humano fuera tal, ya tenía conciencia de la muerte como un destino inevitable, ya que parece haber indicios de que todos los mamíferos con cierta inteligencia son concientes de su propia mortalidad. Desde entonces la humanidad ha tratado de encontrar explicaciones sobre la naturaleza de la muerta y que nos espera después de ella para superar o al menos canalizar la angustia que la muerte ocasiona.
Los conocimientos sobre la vida después de la muerte ya sean de índole filosófica, religiosa, mística o científicos se denominan escatología, proviene de la palabra griega “ésjatos” que significa “último”. Curiosamente la palabra “escatología” también nombra a una rama de la fisiología que se dedica al estudio de los excrementos, proviene en este caso también del griego “skatós” “excremento”. Lamentablemente el español no ha logrado una forma de distinguir ambos conceptos
A medida que la ciencia fue ganando terreno, muchos pensadores han creído que con el tiempo se podría llegar a saber si hay vida después de la muerte y su naturaleza. También se llegó a pensar a finales del siglo XIX y principios del XX que la medicina se perfeccionaría tanto que terminaría por volvernos inmortales. Lo cierto es que la ciencia no tiene formas de acceder a ultratumba si es que existe, ni de investigarla. A su vez hoy en día todo parece indicar, de que si bien es posible alargar la vida varias décadas, es imposible evitar la muerte.
Desde la biología parecen llegar malas noticias, cada vez más esta ciencia se está volviendo una rama de la química. La vida parece explicarse como una suma muy compleja de reacciones químicas y la muerte sencillamente cuando estas reacciones dejan de producirse. Con tales perspectivas, no hay indicios de ninguna forma de vida ultraterrena. La muerte de una persona y un fuego que se extingue vendrían a ser lo mismo.
Sin embargo cada vez se recogen más evidencias que parecen decirnos lo contrario, las experiencias cercanas a la muerte, que es de lo que hablaré en un par de días, hasta entonces.
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