Los celos y los miedos

Cuando estamos enamorados creemos que esa persona tan especial que cautiva todo nuestro tiempo, tiene admiradores por todos lados. Todo se presenta como una amenaza que quiere robarnos la atención de nuestro amor, empezando por los amigos, la familia hasta cualquier entretenimiento que lo mantenga tan ocupado como para no estar con nosotras.
El miedo a perderlo se termina transformando en una obsesión, sino frenamos pronto esos impulsos tan destructores que alteran nuestra psiquis.
El sólo hecho de imaginarlo en otros brazos es motivo para indagar cada minuto de su vida. Noches enteras tratando de comprender porqué no nacimos juntos y asà evitar el contacto que haya tenido con otras mujeres. Ni que hablar de la medida de sus sentimientos, ¿a quién quiso más? Todo termina siendo una competencia que entablamos con sus posibles amores pasados, claro que sólo existe en nuestra mente.
Nada tan desgastante como entrar en el terreno de los celos y terminar siendo la sombra de lo que alguna vez fuimos, de esa despreocupada mujer que lo conquisto, y que ahora sólo ocupa su tiempo en martirizar sus dÃas con inútiles preguntas sobre su pasado.
Él está con nosotras y punto, el pasado no es sólo suyo, nosotras también tuvimos pasado y si de recuerdo se trata, tan mal seguramente no la hemos pasado.
Y en última instancia no se trata sólo de confianza, pues no tenemos la varita mágica para transformarlo en un monigote que siempre obedezca nuestros deseos. Como adulto puede decidir hasta cuando nos amará. Lo que sà podemos generar es la confianza en nosotras mismas, y de seguro no la hallaremos concentrando todas las energÃas en él, sino en preocuparnos por nosotras mismas y en nuestros deseos.
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