Me tienes en tus manos

Cuando el impulso de tenerlo es más fuerte que cualquier cosa, tendemos a aceptar cualquier capricho o desmesura de su parte con tal de estar a su lado.
Hasta que punto es amor esa entrega desmedida que ruboriza cualquier sentimiento de orgullo? El hecho de que logremos retenerlo utilizando cualquier método, sólo significa lo astuta y creativas que nos volvemos elaborando nuevas estrategias.
La cruda verdad es que estamos en sus manos, y que nuestro mundo gira en torno a él. Parece amor, y nos llena de orgullo decirlo aunque muchas veces caigamos en ridÃculo.
Estar completamente enamorada parece justificar nuestro empobrecido orgullo. Es cierto, lo queremos, pero es necesario caer en la desesperación cuando lo sentimos distante?
Él que a esta altura adivina su poder, no tiene más que manejar sus hilos para hacernos bailar al compás de sus caprichos. Esta desmedida seguridad más allá de generar confianza es una manera muy eficaz de alejarlo del hechizo de nuestra primera mirada.
Esa mirada transparente se convirtió de un dÃa para el otro en una persecución de miradas embobadas que certifican su triunfo y nuestra derrota.
Ahora ya no tiene porque luchar, no le generamos dudas, ni celos. Somos un perfecto juguete en sus manos, que como paso de ser novedad suele convertirse en molesto.
Nuestros cegados ojos no permiten que la luz penetre e ilumine nuestra mente. Si tan solo dejáramos de escuchar los latidos del corazón y comenzáramos a pensar con la cabeza y no con los pies, tal vez podrÃamos disimular un poco nuestro enamoramiento, y la situación no tendrÃa porque llegar a ser tan desalentadora.
El orgullo en estos casos suele ser positivo. Querernos y valorarnos ayuda a no caer en la trampa de un enamoramiento que nos puede traer más deshonra que placer.
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