Yo digo, tú dices

Cuando en una relación de pareja se dificulta la comunicación debido a la falta de tolerancia por parte del otro, tendemos a evitar situaciones o conversaciones que irritan a nuestro par, y sin darnos cuenta le estamos dando el poder de manipular nuestra relación y hacer de nuestros pensamientos un borrador que solo toma notas de lo que debe o no decir.
El mal humor caracterÃstico de esta especie de individuo, limita el accionar y la libertad de expresión. Terminamos pensando que si lo que creemos genera discordia, lo mejor es dejarle al otro el beneficio de la palabra y la voluntad de obrar como le de la gana.
El control de la relación tiende a ser ejercido por el que más quejas tiene en su haber, y si el otro cede para evitar la pelea, termina aceptando todos los reproches y las culpas del mal funcionamiento de la relación.
Ceder no necesariamente significa mantener la paz, pues el que ejerce la autoridad necesita tener con quien discutir y a quién echarle la culpa de todo para confirmar su autoridad.
La comunicación sólo se ejerce cuando hay dos o más personas, donde cada una expone su punto de vista. Cuando el que habla es solo uno, lo que se mantiene es un monólogo y no una conversación, pues no hay comunicación recÃproca.
Callarse cuando tendrÃamos que hablar, es ir cediendo de a poco al anonimato en una relación.
Decir lo que sentimos, lo que nos pasa y lo que pensamos, es un derecho que debemos ejercer. Si al otro no le gusta nuestro punto de vista, o lo pone de mal humor en definitiva es un problema de él, que tendrÃa que solucionar con la ayuda de un especialista.
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