Zapatos
Toda clase de secundaria tiene su estudiante rebelde. Normalmente es alto, desgarbado, se corta el pelo muy esporádicamente, usa remeras alusivas a diversas agrupaciones de rock pesado y fuma en cantidades suficientes como para ser anotado en la lista de los principales responsables del calentamiento global.
Aquella mañana habían pasado dos materias y nuestro amigo no se había aparecido por el colegio. Si bien notamos su ausencia, no estábamos especialmente preocupados. En invierno es común pero no grave alguna gripe que te tiene en cama por dos o tres días o quizás había decidido faltar simplemente porque no tenía ganas de estudiar ese día.
Se apareció recién a la hora de la tercera o la cuarta materia, con su mejor aspecto de haberse caído de la cama. Me contó que se había quedado hasta altas horas de la noche en un festival de rock y comenzó a dar detalles de algunos conjuntos que habían tocado. En algún momento se me dio por mirar al suelo y entonces me di cuenta. “Te pusiste zapatos de distintos pares” le dije. Profirió algún insultó y se justificó “Es que me levanté tarde y apurado y me puse lo primero que encontré”. Como si mí descubriendo se hubiera propagado por el pasillo a través de un curioso sistema telepático, comenzamos a notar las miradas, los cuchicheos y los índices señalando el desparejo par de zapatos.
Mi grupo de amigos tenía todos los defectos y virtudes de las barras de adolescentes. Entre ellos un fuerte sentido de pertenencia y de protección mutua frente a los otros grupos que juzgábamos superficiales e hipócritas. No recuerdo quien tuvo la iniciativa, fue más bien algo espontáneo. “¿Cuánto calzás?” comenzamos a preguntarnos entre los varones de la banda mientras las chiquilinas hacían también lo suyo. Cuando sonó la campana de entrar a clase, ninguno de nosotros teníamos dos zapatos iguales en sus pies.
Me resultó especialmente significativo que mi intercambio fue justamente con uno de mis mejores amigos desde la escuela y que mantengo hasta hoy una profunda amistad. Noté que un chico ajeno nuestro grupo le fue a comentar al de al lado que nuestro amigo no había sido capaz de calzarse correctamente, pero al notar que se había conformado un orgulloso frente unido de zapatos dispares, optó por callarse la boca.
Tags: libertad, Reflexiones, Sentimientos, sociedad

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